Vale, la respuesta es sencilla, que después me vaciláis de lo lindo: Miranda do Douro ha estado siempre en Miranda do Douro, región norte de Portugal, perteneciente a Bragança y muy cerquita de Zamora. Donde no “ha estado” es en mi lista de sitios que visitar hasta ahora y esa es, precisamente, la cuestión.

Este viaje empezó con 3 ciervos que ni se inmutaron al ver pasar mi coche solitario por la carretera, cruzando 2 fronteras y con 1 cerdo a la fuga perseguido por un par de paisanos (a los que no pude sacar fotos de lo ojiplática que me quedé al ver la escena). Sí, el viaje a Miranda do Douro se vaticinaba diferente desde el principio y ¡vaya si lo fue!

Lo que no te puedes perder en Miranda do Douro

Puede que nunca hayas oído hablar de Miranda do Douro. La mitad de la gente que se acerca hasta allí va a comprar toallas, la otra mitad a comer bacalao (sí, somos muy de esas tradiciones en la frontera). El 60% alguna vez le ha añadido al viaje un crucero por el río Duero (Douro para los portugueses) que aquí hace frontera mitad para mí – mitad para tí. Pero, ¿es lo único que puedes hacer en Miranda?

A estas alturas ya entenderás que no. A nosotros nos llevó a Miranda la celebración del Festival gastronómico Sabores Mirandeses y los arribes del Duero (los cañones que hace el río al entrar en Portugal) pero descubrimos mucho más. Aquí tienes mis imprescindibles de Miranda do Douro, para que no te dejes nada en tu próxima visita:

1. La fortaleza de Miranda do Douro

La ciudad de Miranda fue un importante emplazamiento durante la Edad Media, con su castillo, su sede episcopal y sus distinguidos señores nobles mirando desde lo alto de la muralla prerrománica al “diablo español”. Tras alguna que otra guerra (el castillo nos lo cargamos nosotros), la fuga del obispo hacia Bragança (cuentan las leyendas que porque no tenía dinero para reconstruir castillos ni palacios) y el paso de los años, la ciudad fue perdiendo su importancia política, pero sigue siendo un importante punto comercial en la frontera.

Murallas Miranda do Douro

Hoy, sus calles de casas bajas encaladas y sus suelos empedrados mantienen a la ciudad enclavada en el tiempo y callejear sin rumbo por la fortaleza es, por sí misma, una atracción turística más. Además, quedan de aquellos tiempos: la muralla prerrománica, numerosos edificios medievales, las ruinas del castillo y el palacio episcopal, y la catedral.

Os dejo un mini vídeo de la fortaleza de Miranda do Douro, por la mañana temprano, que va a ser difícil que la veáis con tan poquita gente:

2. El Museo Terras de Miranda y el Largo de Dom Joao III

El largo de Dom Joao es una plaza pequeña, en el centro del espacio amurallado, muy cerca de la catedral. Pasaría desapercibida de camino hacia la Catedral de Miranda si no fuese porque la escultura de una pareja vestida con los trajes típicos en una esquina de la plaza y el edificio del museo de las Terras de Miranda.

No es que el resto de los edificios no tenga su relevancia, aquí se encuentran el palacio municipal y el palacio de los Ordazes, con su fachada barroca, y justo detrás de estos la iglesia de la Misericordia, con sus retablos del siglo XVII… Pero es que el museo de Terras de Miranda esconde algunos secretos interesantes.

El museo recoge una colección etnográfica sobre las tradiciones de la región de Miranda, desde cómo se labra(ba) la tierra a cómo se fabricaban las tradicionales mantas de lana. Para mí lo más interesante está arriba: aquí encontrarás los símbolos del carnaval mirandés, imágenes de los “pauliteiros” (más adelante te cuento qué son) y de los instrumentos tradicionales.

El museo no es el único espacio artístico de Miranda. Si hay exposición, puede ser interesante visitar también la Casa de Cultura, en el edificio de la antigua Alfandega del siglo XV (la antigua aduana).

Casa da Cultura iIrandesa

3. Os pauliteiros de Miranda

“Miranda do Douro es territorio de gaitas, de pauliteiros y de hombres con falda”. Tres de los elementos más identificativos de Miranda son precisamente los que los conectan con los otros grandes enclaves de tradición celta. Mientras en el resto de la península la mayoría de trajes tradicionales masculinos perdieron las faldas, en Miranda do Douro todavía se visten a la moda los pauliteiros (y cada vez más las pauliteiras, que esta danza ha dejado ya de ser cosa de hombres).

Mitad entrenamiento guerrero y mitad danza religiosa… No os contaré más, mejor os dejo el vídeo para que veais de qué hablo. Como me comentaban hace poco en redes, “tiene que ser tremendo ver los entrenamientos”.

4. La Capa de Honras

Si ya habéis superado el hecho de que aquí los hombres visten con orgullo la falda tradicional, este otro elemento característico de Miranda tampoco os dejará indiferentes: Se trata de la Capa de Honras, la capa que usaban los nobles para distinguirse de los pastores.

Aquí no hay bordados en hilo de oro, ni floridos mantones, sino una recia capa de lana que casi parece salida de la Guerra de las Galaxias y que, aunque es difícil de ver en un día normal, está representada en la plaza de Dom Joao III (la podéis ver, la de verdad, la de lana, en el vídeo).

5. La Con-Catedral y el meninho da Cartola

A la “Catedral” de Miranda, visible nada más llegar a Miranda do Douro desde España, orgullosa en la cima de la fortaleza, cuesta entrar. No es que cueste dinero, es que hay que aprovechar cuando está abierta para poder visitarla (hay misa los domingos a las 12:00). Y, francamente, merece la pena.

Sí, es Monumento Nacional de Portugal y goza de unas vistas magníficas sobre los arribes del Duero, en un lateral de la muralla. Pero, además, está llena de anécdotas y curiosidades.

No os voy a saturar a datos, pero os diré que: hay un dicho portugués que dice que “eres más feo que la carranca de la catedral de Miranda” (pista: la carranca está en el órgano), hay elementos masónicos detrás del altar, obispos con mantos casi “eróticos” en el retablo principal y una lápida para que todo el que quiera pise sobre el “indignísimo” obispo Aleixo de Miranda Henriques que abandonó a Miranda a su suerte, quitándole la categoría de sede episcopal, llevándose las riquezas y convirtiendo la Catedral de Miranda do Douro en Concatedral (dicen que no se llevó la Catedral misma porque no tenía ruedas…), ya de paso. Sí, dicen que la venganza es un plato que se sirve frío y en Miranda sigue siendo plato del día, 200 años más tarde.

Por si no os ha entrado la curiosidad todavía, el de arriba es uno de los elementos de mayor devoción de toda la catedral. Se trata del niño Jesús de la Cartolica y, sí, trajo la suerte a Miranda, durante la guerra contra los españoles. Correcto, mientras el indignísimo preparaba la huida, el niño Jesús se aparecía a las tropas mirandesas para animarles a resistir el asedio, a veces incluso apareciendo en distintos sitios a la vez.

Quizás por ello, esta especie de urna-armario con el niño Jesús se encuentra  en un lateral de la catedral y muy cerca de la tumba del indignísimo para que todo el mundo que se acerque la pise con ganas.

Conste que no sólo vienen a esto, la figura del niño Jesús cambia de traje en función de los eventos del año, por lo que probablemente no lo veáis como en la foto cuando visitéis Miranda. Los devotos le regalan trajes nuevos cada año y las mujeres “casaderas” le llevan camisitas y calcetinitos (el diminutivo aquí es obligatorio) para que les consiga un buen novio.

6. Las ménsulas (eróticas) de la calle de la Costanilha

A un paso de la catedral, la empinada calle Costanilha acoge algunas de las casas más pintorescas de la fortaleza de Miranda do Douro. Hay quien dice que por estas calles ya caminó Cervantes y, quizás, solo quizás, también reposó en la Casa das Quatro Esquinas.

Esta famosa casa medieval es peculiar, no sólo por sus cuatro ventanas en esquina, sino por sus dos ménsulas, una en la propia calle Costanilha y otra orientada hacia el este. Sí, ménsulas, esos voladizos para apoyar otro elemento (desde macetas a figuras de santos) y que pueden tener todo tipo de formas. Vamos, eso que sobresale del edificio de la foto, al lado de la ventana superior:

calle Costanilha MIranda do Douro

Para los que se preguntan qué tiene de emocionante una ménsula, os diré que una representa al dios Cronos (o Saturno) y la otra un supuesto perro que pasa la lengua por los genitales de una mujer. Bastante literal, lo que también es propio del uso de este edificio, que al parecer fue hogar del “oficio más antiguo del mundo”.

7. El número 2

Asomándose desde la muralla que bordea la Catedral se pueden ver los Arribes del Duero. Debajo, en la orilla, aunque desde aquí no se vea, se encuentra la Estación Biológica Internacional, punto de partida de los cruceros que surcan los cañones que forma el río, a un lado España y al otro Portugal.

Pues bien, justo en frente de la estación (también se ve desde la muralla al lado de la Catedral) veréis unas manchas amarillas que cubren la pared de roca. No, no lo pintó el hombre, y quizás por eso ha dado lugar a otra leyenda curiosa.

Crucero fluvial Arribes del Douro

En esa roca, buscad el 2. No, no hagáis como yo y penséis que el 2 se forma a lo grande entre todas las manchas amarillas (tantos años trabajando entre diseñadores y marcas y la influencia el Ojo Mágico – referencia viejuna donde las haya – han trastornado mi visión). El 2 es pequeño y está hacia la derecha en la mitad inferior.

No os daré más pistas, que sería trampa y porque no tendría gracia: ver el famoso 2 indica que encontrarás marido y, si estás casada, no verlo implica que te están poniendo los cuernos… Sí, las cosas del amor son algo casi místico por estos lares.

8. Los cruceros por el río Duero

Partiendo desde la Estación Biológica Internacional, salen los barcos que surcan el Duero. Hay dos recorridos, uno más corto, de una hora, y otro más largo. Nosotros hicimos el de una hora porque no teníamos mucho margen de tiempo, pero nos han recomendado el de casi tres horas, que se aleja más del mundanal ruido y donde es posible ver más aves y naturaleza libre.

Decir que el paisaje es espectacular y que ver los cañones desde el nivel del río merece y mucho la pena, es poco: Muros de hasta 400 metros de altura, con cormoranes aquí y allá, aguiluchos y hasta un buitre leonado (que al parecer sólo pillé yo, porque soy muy de disparar con la cámara a lo loco y de mirar para el lado que no es) regados por las indicaciones de una guía que, como el Duero era mitad portuguesa y mitad española (y quizás también por eso empezaba las frases en un idioma y las acababa en el otro.)

Buitre leonado Arribes del Duero

También os digo que me hubiera ahorrado el show de aves y las nutrias criadas en cautividad, que aunque provienen de un programa de rescate y se usan para ayudar a niños con problemas, me genera muchas sensaciones contradictorias. Habría sido más que suficiente con el vinito de después (la visita incluye una degustación.)

Os dejo un pequeño vídeo para que veáis dónde está Miranda y por dónde navega el crucero fluvial.

9. La “Fala Mirandesa”

Escuchad atentamente cuando caminéis por Miranda do Douro, intentad descubrir los “yes” y los “icos” entre palabra y palabra. La “lhengua” es el idioma oficial de Miranda. Nada de portuñol, aquí el aislamiento y la cercanía con los Zamoranos hizo que sobreviviese un idioma propio que las veces suena a bable y las veces a un portugués muy cerrado.

Esta lengua pertenece, nos cuentan, a la familia de las lenguas astur-leonesas. Era una lengua puramente oral, hasta 1884 en que se empezó a escribir en mirandés, y en 1999 estrenó gramática escrita y también la oficialidad como idioma (sí, es lengua oficial de Portugal, que hasta entonces era de los pocos países de Europa con solo una lengua oficial.)

Os dejo un poquito de mirandés al final del siguiente vídeo, en el poema que Domingos Raposo nos recitó junto al Duero. También puedes escuchar mirandés en la música del grupo Galandum Galundaina, que fue un descubrimiento total del festival gastronómico y que os recomiendo si os gusta descubrir música diferente y con raíces, o en las canciones que acompañan los bailes de los pauliteiros.

10. El castro de San Joao das Arribas

El Castro de San Joao das Arribas es, probablemente, uno de los mejores miradores sobre los arribes del Duero. A un lado España, al otro Portugal, los cañones se abren ante lo que fue un pequeño poblado astur, posteriormente romano y así sucesivamente hasta que decidieron trasladarse a “Aldeia Nova” (pueblo nuevo) unos metros más arriba.

Da un poco de pena ver los montes pelados tras los incendios que asolaron Portugal en los últimos tiempos, pero aún así el paisaje es espectacular y merece la pena acercarse por esos caminos de tierra hasta la capilla y pasear entre las excavaciones que darán luz a la historia de este enclave estratégico. También es buen sitio para merendar y para una buena romería (más datos en el vídeo).

11. Los embutidos mirandeses y ¿por qué no? el bacalao

Que la mayoría de españoles cruzan la frontera aquí para comer bacalao es un hecho. Lo que no acierto a adivinar es por qué tenemos esta obsesión con el bacalao cuando la cocina portuguesa es tan rica y variada… Aunque al Papa lo que es del Papa: el bacalao lo bordan. Como el Bacalhau Cremoso que comimos en el Parador de Miranda do Douro,  (parecido al bacalhau com natas pero con patatitas picadas en la mezcla) con vistas al río (las vistas al río no añaden nada a la receta, pero le dan un plus de disfrute al momento).

También se puede comer carne de vaca mirandesa (ya os conté en mi recorrido por las Montanhas Mágicas que no todo el monte es cachena…) y los tradicionales fritos portugueses.

Pero no os deberíais ir sin probar los embutidos tradicionales, desde la alheira (aquí tabafeias) a los “enchidos” ahumados y botillos (aquí butelos) elaborados tradicionalmente en las casas mirandesas certificadas. Nosotros tuvimos la suerte de probarlos en la propia “fábrica”, ya que la finca de turismo rural Cimo da Quinta (en la aldea de Pena Branca) en la que nos alojamos está certificada para la producción de estos embutidos tradicionales y los prepararon para nosotros en un fantástico cozido con butelo, alubias, chorizo… También cuecen su propio pan al estilo tradicional y en horno de leña (¿ya se os ha hecho la boca agua?)

12. Los burros mirandeses

El aislamiento y la orografía escarpada de las tierras de Miranda hicieron que no sólo la cultura fuese única, sino que la naturaleza también hizo su parte. En Miranda do Douro hay 5 razas autóctonas: vaca mirandesa, oveja churra mirandesa, perro transmontano, cerdo bísaro y burro mirandés.

De este último, merece la pena visitar el centro de recría del burros que hay en la cercana localidad de Atenor. No es una visita habitual, lo se, pero sorprende la altura de estos curiosos burros que de pequeños parecen esponjosos peluches y que de adultos se vuelven más altos que muchos caballos. El centro, que busca dar una nueva vida a los burros (antes usados para la labranza), acoge donaciones de todas partes del mundo, organiza visitas y también excursiones de 3 días durmiendo en alojamientos rurales de la zona.

¿Qué me decís? ¿Me dejo algo?

Os lo decía al principio, MIranda tiene mucho que disfrutar y, aunque parece lejos de Galicia (no en el mapa, pero sí en horas de carretera), lo tenéis a un paso de Zamora, que también merece una buena visita. Ya de paso, os visitais Bragança, Vila Real…

Como siempre, tenéis espacio para consejos, dudas y preguntas en los comentarios 🙂

Que ver en Miranda do Douro, Portugal

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Este artículo tiene su origen en una invitación del equipo de Porto e Norte a conocer Miranda do Douro coincidiendo con el festival Sabores Mirandeses. Como siempre, aquí encontrarás mi experiencia y opinión real sobre los viajes que hago y los servicios que pruebo por el mundo. Cualquier duda me dices en los comentarios 😉