Hace ya algún tiempo Maruxaina me nominó para escribir las cosas que no sé hacer cuando viajo. Después de hacerme la remolona (y de protestar un poco por lo bajini), aquí están 9 de todas las cosas que no sé hacer cuando viajo:

1. Seguir el itinerario marcado

Me gusta planificar, programar y diseñar un itinerario, en verdad disfruto mucho haciéndolo antes de viajar. Pero en cuanto me subo a un avión sé que no lo voy a cumplir. Sé que me pararé en cada detalle, me saltaré los horarios y me perderé en las tiendas o me iré a tomar un café, preguntaré como si no hubiese planificado nada y al final haré un recorrido diferente.

Por eso me gustan los all-day pases, los billetes abiertos y las apps que recalculan las rutas. Eso sí, si algo tiene un horario de visitas, me lo grabo a fuego, que me fastidia un montón llegar a los sitios y que estén cerrados.

2. Hacer dieta

No, no sé hacer dieta ni cuando viajo ni cuando no viajo. Me gusta probar de todo, aunque sea incapaz de pronunciarlo. Siempre he sido de bueno comer, así que aprovecho cuando no tengo que cocinar yo para probar nuevos ingredientes y recetas de esas que te llevarían horas en la cocina. De ahí salen posts como este de cocina japonesa en Japón o las 10 recetas internacionales que cambiaron mi forma de ver el mundo.

Con un pero, no me gusta la comida de los aeropuertos y en los aviones no suelo experimentar: en caso de duda, comida vegetariana. Menos mal que hay webs donde puedes ver de antemano qué te pondrán durante el vuelo, que si no…

3. Acordarme de llamar a casa

Puede que llame a mis padres, a mi abuela, a mi hermana… unas cuantas veces a la semana. Pero en cuanto me salgo más de 20 kilómetros de mi casa me olvido de llamar. Mi madre ya ha desistido de tenerme medio localizada y con ver un whatsapp, un tuit o una foto en el instagram ya está más que satisfecha.

Solo hay dos momentos en los que siempre siempre les llamo: en cuanto llego al hotel y en cuanto llego a un aeropuerto. Bendito skype!

4. Regatear

No, no sé regatear. Bueno, la teoría me la sé (será porque cada vez que digo que no regateo alguien me explica el funcionamiento básico…) pero no me gusta. Soy de los que piensa que cada cosa tiene un precio, el tuyo o el mío. Si el tuyo es más bajo que el mío, compro. Si es más alto, paso.

No sé si compro mejor o peor que los que sí regatean, pero como tampoco soy de las que se tienen que llevar sí o sí un recuerdo de cada pueblo y cada piedra, no es algo que me preocupe.

5. Correr de un lado para otro

Me gusta ver, visitar y conocer, pero no me gusta que me lleven corriendo de un lado para otro. Algunos lo llaman #slowtravel, yo diría que me estoy haciendo mayor… Si me queda algo sin ver? Una excusa más para volver.

Además, así me puedo permitir descubrir cosas que no tenía en mente visitar, como Daisho-in en Miyajima, y pasarme un buen rato disfrutando de un café si me apetece.

6. Hacer la maleta con tiempo

No me gusta hacer la maleta. Cuando era pequeña era algo que me tenían que obligar a hacer y hoy prácticamente la hago antes de coger el bus al aeropuerto. Si por mí fuese (y la cartera me lo permitiese) iría sin maletas por el mundo. Después tendría que ir de compras en cada puerto, pero esa ya es otra historia.

7. Viajar sin tecnología

Llámalo modernez, llámalo adicción, no puedo viajar sin cachivaches. Yo, que me negaba a llevar un teléfono móvil cuando empezaron a venderse en España, hoy llevo mil cosas que necesitan enchufe (con la consecuente movida de llevar adaptadores para los enchufes. Al final, casi ni los uso, como podéis ver en mis posts sobre los gadgets que me llevé a Japón.

8. No preguntar

Sí, soy una silent traveler de esos que no pasan por la oficina de turismo ni preguntan en la recepción del hotel, pero sólo en España. En cuanto salgo de la tierra patria, pregunto a propios e impropios sobre dónde comer, qué ver, cómo llegar a los sitios…

No, no es cosa de la wifi, es cosa de hablar con la gente. Descubrir un sitio siempre es mejor si te indican los de allí y, además, prefiero ir por la calle mirando para lo que me rodea, no para un cachivache insolente que se empeña en guiarme por los recorridos más rápidos pero menos vistosos.

9. Desconectar del todo

No, no lo consigo. Tengo que revisar el correo al menos dos veces al día, publicar en twitter o en instagram, leer las noticias (las locales y las de casa)… Ya me contaréis como lo hacéis los demás, que yo no puedo (salvo que no haya wifi, que entonces se me da la mar de bien).

Bueno, esto es lo que no se hacer yo, ¿qué se os da mal a vosotros?
Y como se acerca el verano y todo el mundo piensa ya en viajar, voy a nominar a dos personas que puede que lo hagan o puede que no, pero que son tantatachán!!!: Cabonorte y Millandasairas